Moví las antenas en señal de saludo. La extraña fisonomía de aquella criatura me fascinaba por lo familiar al tiempo que me provocaba una entrañable repugnancia. Volví a intentar entablar comunicación pero el extraño ser no parecía responder. Extendió hacia mí una de sus extremidades superiores en lo que me pareció ser un gesto amistoso. Pero en fin, yo llevaba algo de prisa, así que proseguí mi camino hacia el nido reflexionando sobre el problema de las mutaciones en nuestra colonia –un problema grave, sin duda– y preguntándome cómo podía aquella criatura mantenerse tanto tiempo erguida sobre dos patas.
Segor Gramsa, de Tahíche Rodríguez
– March 7, 2012Posted in: Bestiario (microrrelato), Secciones
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