Impresiones a martillazos-2, de Joan Molina

Por la mañana me despiertan los graznidos de los cuervos. Estamos en abril pero el invierno sigue agarrándose con fuerza a la tierra. Hace una semana que no se ve el sol y las calles están grises; los ojos de la gente también. Salgo de casa. Es Pascua y la ciudad parece desierta. No hay nadie en los autobuses, ni en los tranvías, ni siquiera en los centros comerciales. Encuentro una iglesia a rebosar y entro. Se ve a padres, madres, abuelas y niños haciendo una cola recta larguísima, moviéndose al compás, como si fueran todos un solo hombre, una sola mujer. No se hablan entre ellos. La cola acaba en el confesionario. El cura sale un momento a descansar pero los que esperan siguen de pie, impasibles. Se pasea por su iglesia observando, divertido, a su rebaño. Acaricia la cabeza de un niño, escucha atentamente a una anciana que le está pidiendo consejo y da dos palmadas en la espalda a un joven alto, fornido, sano. Cuando se da cuenta de que no sigo ningún ritual me echa amablemente de la iglesia y vuelve a su cometido. Salgo. Los capiteles de la entrada están llenos de cuervos que me gritan furiosos algo que no comprendo. Tarde o temprano tendré que aprender polaco.

Llegamos los tres a la fiesta de una polaca que apenas conocemos. Nos recibe en la puerta con un cubata en la mano que sorbe nerviosa con tragos pequeños y rápidos. Se acerca a nosotros tambaleándose. Lleva tacones.
–Hey guys, you are Spanish, aren´t you?
–Well, I´m Bask.
–Well, I´m Catalan.
¬–Ok, whatever, but you ARE Spanish, right? –pregunta al otro colega.
–Well, I´m Andalusian.
¬–Bah, go fuck yourselves guys!
Se aleja riendo mientras tira medio cubata por el suelo. Miramos nuestras 15 cervezas y nuestra botella de vodka. Va a ser una noche de puta madre.

Una de las plazas más importantes de la ciudad está dedicada a Ronald Reagan (“Ronda Ronalda Reagana”, con la desinencia polaca). Su rostro esculpido en piedra. Las facciones duras, la sonrisa de quien ha cumplido con orgullo su deber. Una estrella del Western americano convertido en presidente que, con Thatcher, enseñó a Polonia el camino a seguir: el camino a la libertad. En esa misma plaza hay un centro comercial gigantesco. El templo y su profeta. Algunos hombres vestidos con harapos vienen a hacer su reverencia a la imagen imperturbable de Reagan mientras buscan en la basura el sueño americano, el sueño polaco.

Otra vez. Andamos por la calle de noche hablando, gritando, riendo. Se acercan un grupo de polacos y le dan una hostia a uno de los colegas en la cara. Así, sin más. A otro lo tiran al suelo de un empujón. Dos de nosotros levantamos al que se quedó en el suelo y mientras lo hacemos, le dan con la mano plana al que está

a mi lado. Cuando estamos todos en pie nos largamos de allí corriendo y los tíos, mientras miran como huimos, se dan golpes en el pecho con el puño y cantan una canción antigua, con la voz grave, profunda. Habían defendido su cueva y lo habían hecho bien.

Un amigo mío valenciano va en el autobús con su ligue: el chaval en cuestión, al que ha conocido en una discoteca gay de Wroclaw, se llama Piotrek. Rubio, ojos azules y cuerpo trabajado durante años en el gimnasio. Mi colega le coge la mano y él se la rechaza violento.
–Are you crazy?? Do you really know where are you living?
–I know, I don´t care.
–You don´t care, you don´t care, you WILL care! You are in Poland, man! They hit people like us every night!
Mi amigo se ríe de él y trata de darle un beso en la boca. Piotrek le aparta la cara cabreado. Nos acercamos a nuestra parada que queda muy lejos del centro de la ciudad. Es de las pocas veces que no estamos solos en el autobús. Bajamos. Cuatro tíos bajan detrás de nosotros. Los siete seguimos la misma ruta durante un trecho largo. El viento frío y la lluvia se nos clavan en la cara como pequeñas agujas de hielo. Nadie dice nada. Poco a poco van acercándose. Aprieto los puños dentro de los bolsillos como si supiera hacer algo con ellos. Nos desviamos a la derecha hacia el portal de nuestro piso. Se paran, se nos quedan mirando y siguen su camino.

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