Empezar a leer a un escritor como Roberto Bolaño con una novela como Los sinsabores del verdadero policía es algo extraño. Bolaño circula a mi alrededor como un mito, sus personajes y sus historias aparecen envueltos en una neblina de misterio que me llevan a reconocer nombres como el de Archimboldi y algunos títulos provocadores como Putas asesinas y otros tan poéticos como Estrella distante. Sé que es el creador de unos detectives un tanto salvajes y tiene una novela cuyo título es una cifra. Sé que murió en Barcelona, sé que nació en Chile y sé que voy a leer una novela que él mismo calificó de ‘endemoniada’.
En enero de 2011, la editorial Anagrama publica la recopilación de los materiales encontrados en el ordenador y en la mesa de trabajo de Roberto Bolaño, todos bajo la etiqueta de Los sinsabores del verdadero policía, con la colaboración de Carolina López, la viuda del autor. Toda la documentación relativa a esta novela acredita que la redacción empezó en la década de los ochenta y se mantuvo hasta la muerte del escritor en 2003. El autor habla de la obra en estos términos:
“Desde hace años trabajo en una (novela) que se titula Los Sinsabores del Verdadero Policía y que es MI NOVELA. El protagonista es un viudo, 50 años, profesor universitario, (con una) hija de 17, que se va a vivir a Santa Teresa, ciudad cercana a la frontera con los USA. Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda”.
Después de leer el prólogo de Masoliver Ródenas, estoy convencida de que voy a leer “una novela inacabada, pero no una novela incompleta, porque lo importante para su autor no ha sido completarla sino desarrollarla.” Me creo que Bolaño dejara todo el material listo para su ordenación y aplaudo la labor de Anagrama.

Ante la imposibilidad de resumir un libro en el que todo pasa, diré solamente que el protagonista es un “peregrino maricón”, Amalfitano, viudo con una hija de 17 años, Rosa, que siempre lo acompaña. El libro está dividido en cinco partes: la primera de ellas, titulada La caída del muro de Berlín, narra la aventura de Amalfitano, exiliado chileno que se gana la vida ejerciendo como profesor de literatura en la Universidad de Barcelona. Su amistad con Joan Padilla, alumno suyo obsesionado en hacer una película sobre Leopardi con los más grandes escritores del país como protagonistas, lo lleva a la ruina. El escándalo que deviene después de que mantengan relaciones sexuales, obliga al profesor a abandonar la ciudad. Sus amigos Anna y Antoni Carrera son los encargados de comunicarle la decisión de la universidad. A partir de este momento Amalfitano comienza a enviar solicitudes a todas las universidades en las que había trabajado tiempo atrás, siendo la mayoría de ellas rechazadas. Finalmente, Horacio Guerra, catedrático de literatura y antiguo amigo suyo acepta su solicitud y Amalfitano es requerido para un puesto en la Universidad de Santa Teresa, en México. El profesor y su hija se despiden de los amigos de la ciudad con quienes mantendrán contacto epistolar durante toda la novela. Amalfitano le escribirá a Padilla y Rosa al hijo de los Carrera, que se ha enamorado de ella. Llegan a México y se establecen en un pequeño piso. La primera carta de Padilla llega en poco tiempo, le cuenta que ha empezado a escribir una novela, que llevará por título El dios de los homosexuales.
La segunda parte del libro es Amalfitano y Padilla y en ella se narran las aventuras del profesor y su alumno antes del escándalo. También su relación con un alumno de Santa Teresa del que se enamora, Castillo, falsificador nefasto de las pinturas de Larry Rivers, la historia de Horacio Guerra y de un sevillano en Rusia que salvó el pellejo porque en el momento de la muerte confundieron su expresión de dolor “¡coño!” con la palabra que en alemán quiere decir “arte”. En Santa Teresa, Amalfitano sigue recibiendo cartas de Padilla mientras su vida fluye entre callejones estrechos de la ciudad, en barrios de putas en los que es conducido por un niño de no más de diez años a un lugar peculiar en el que se hace un espectáculo de streptease comunicativo. Conoce aLa Llorona que acabara muriendo del SIDA y al mago Alexander. Todo esto narrado en pequeños retales sueltos, inconexos, la mayoría de los cuales no engarza con nada de lo dicho hasta entonces.
La tercera parte está dedicada en su totalidad a la vida de Rosa Amalfitano y así se titula. De ella se cuenta cómo vivió en Santa Teresa; cómo fue su educación marcada por la grave ausencia de su madre que solía leerle poesía francesa antes de acostarse y lloraba; cómo escribió cartas a Jordi Carrera que este no entendía porque sólo soñaba con grandes partidos de baloncesto; cómo fue a visitar la casa-museo del torero Celestino Arraya; cómo descubrió la homosexualidad de su padre y lloró, soñó con su madre muerta y lloró más.
Se rompe el hilo narrativo con la parte dedicada a J.M.G Arcimboldi, escritor francés traducido por Amalfitano y a cuya novela, La rosa ilimitada, debe el nombre de su hija. Resúmenes de sus novelas, de sus amistades, de sus enemistades y de sus aficiones forman una parte prescindible que entorpece la lectura
La última parte es seguramente la más interesante. Titulada Asesinos de Sonora explica la historia de Pancho Monje, hijo del linaje de las Expósito, todas ellas mujeres violadas, quien evita el asesinato de la mujer de Gabriel Salazar matando a los atacantes. Es detenido por Pedro Negrete, policía, hermano gemelo de Pablo, rector de la universidad de Santa Teresa que pide un exhaustivo informe policial a su hermano sobre el nuevo profesor de filosofía, Amalfitano. Se da una nueva biografía del protagonista; ahora, contradiciendo lo expuesto en la primera parte del libro, este es requerido directamente por Isabel Aguilar, antigua amiga que lo amó en silencio en su juventud y le ofrece ahora un puesto en el departamento de filosofía -ya no de literatura- dela Universidad, ella que ha estado en una exposición de Larry Rivers con un texano, ella que no tuvo nunca suerte con los hombres. Sigue la aventura epistolar con Joan Padilla, de Barcelona, que tiene el SIDA y ha empezado a leer a Arcimboldi. Se cuentan extrañas muertes de muchachas jóvenes, en capítulos poco desarrollados. El final de la historia llega con la aparición de Elisa en la vida de Padilla: en sus cartas cuenta como en el hospital intentó asfixiar a un hombre, no lo consiguió y entabló una sincera amistad con su hermana, también enferma de SIDA que le cuida y le persigue. Padilla llegará a decir de ella que es la muerte: es la muerte que no llega y también el fin de una novela que no acaba.
La verdad es que en una primera lectura quedo atrapada en la maravilla del relato, de los cuentos, de unos personajes dibujados sólo a medias, pero completos; me dejo llevar por unas historias rocambolescas que me fascinan y me atraen y tengo la sensación de haber leído una gran obra. Y lo es. Pero vuelvo a ella después y entonces no me creo que Bolaño haya ordenado así el texto; no me creo que Bolaño tolerara que su personaje fuese dos; no me creo este título que sólo es atribuible a la última parte del libro y deduzco que esta novela no es una novela inacabada, ni tampoco una novela incompleta. Imagino que esta es la novela que habría escrito el Dr. Victor Frankenstein si hubiese hurgado en el cementerio de carpetas de Roberto Bolaño: basándose en los tres principios aristotélicos, habría buscado un planteamiento, un nudo y un desenlace que habría engarzado con el hilo que teje la novela (la relación entre Amalfitano y Padilla) el hilo en el cual todo descansa y del que todo surge; para dar forma, para crear vida, para crear una novela monstruosa llena de incoherencias y de informaciones inútiles, pero también de fragmentos maravillosos, de una prosa magistral y de historias portentosas dignas de uno de los mejores escritores del siglo XX.

maravilla de escritor , excelete la reseña de Marrietta F.
Sensacion de que R. B . domina el clima de lectura , dificil y desafiante por ende .
Siento al leer que expone todo lo que tiene o lo que le queda ; la muerte proxima , esas certezas ,su muerte y es emocionante leer .gracias
Gracias gu, qué bueno que leas, qué bueno que te emociones.