Sobreescritura, de Ollin Rafael

Sobreescritura, Gianpaolo Rende

Llego a mi casa, hace días que no estoy en Barcelona, y al abrir la puerta descubro que el cartero ha colado otra debajo de la puerta, siempre puntuales. Al principio las leía todas intrigado intentando descubrir su significado, como si tuviesen alguno. No llevan firma, sólo una dirección en el sobre, están escritas en una letra pequeña y deforme, un texto casi indescifrable que con el tiempo y el esfuerzo he logrado entender. El autor escribe en tercera persona y creo que lo que me manda es el intento de una novela. Una parte en cada envío. Aún no alcanzo a comprender qué es lo que pretende.
Escribe: En la Barcelona de su imaginación siempre llueve, como en la de Vila-Matas, pero el no añora Irlanda sino Xalapa. Un par de pericos cruzan su horizonte borroso y se pierden lejos.
Hace tiempo que tiro a la basura casi todas, me han dejado de interesar, me he habituado, ya no siento curiosidad y más bien me encuentro un poco intranquilo. Tampoco es una novela de verdad, parecen pensamientos torpes y fragmentarios. He intentado contactarlo pero es inútil. No vale la pena seguir leyendo aunque guardo algunos trozos.
Escribe: …baja hasta la playa buscando una tímida brizna marina. Imagina qué sería de todo aquello si él se cayese al mar, o si saltase cialis sale hacia las sombras más profundas, ¿qué ocurriría? Cierra los ojos para sentir mejor las gotas frescas e intenta imaginarse que vive en otro sitio.
Ya han pasado dos años desde que escribí mi última novela, no he escrito más, no puedo, las palabras se me han vuelto complicadas, nunca encuentro las correctas, tal vez por eso no soporto sus cartas que para mí son el recordatorio de una ausencia. Intento conseguir una frase, sólo una línea, pero el rumor es demasiado fuerte. Me he quedado sin lengua, sin país, sin nada.
Me dice en otro mensaje: …y sobre el cuaderno roto escribe la historia de cuando Django Reinhardt visitó la ciudad y terminó de juerga con unos gitanos de la Marina.
A veces no me creo que exista, imagino que sólo es la manifestación de mi angustia. Una narración autocomplaciente sobre ciudades que no he visto, que no me importan. Lamentablemente, ahí siguen sus cartas. Dice: Los paraguas son inútiles, molestos en estas calles abarrotadas de otros paraguas y se pregunta desde cuándo llueve. Se esfuerza pero no lo recuerda. ¿Cuántos son los días que lleva lloviendo en Barcelona? se repite, una y otra vez.
La dirección impresa en cada carta y en cada postal es de México. Cuando escribe ¿Habla de mí?
Cada vez conozco menos la ciudad, a veces me pierdo sin más por calles que no recuerdo y que después ya no encuentro.
He visto en el atlas que en Xalapa, o Jalapa, siempre llueve y que por ahí pasó el alemán Von Humboldt que escribió sobre la ciudad: Su cielo, siempre tapado, incluso en verano, inspira melancolía desde el mes de diciembre hasta el de febrero; y cada vez que el viento del norte sopla en Veracruz la cubre un espeso brumazón.
En una postal con foto, los portales de Veracruz, escribe: Se sienta junto a la ventana del Café de las Delicias y se pregunta cuánto tiempo puede aguantar con los pies mojados. Deja el abrigo sobre el respaldo de la silla de enfrente y finge que hay otro.
En otra: …y se pregunta si los demás no se angustian en esta lluvia permanente.
Bajo el agua

me ha dado por imaginar que soy él, que escribo desde un pórtico colonial, en una ciudad desconocida, Jalapa suena a río, en donde las palmeras se intercalan con helechos.
Escribe: …por eso camina cubriéndose en los portales con el cuello de la chaqueta alto. Se refugia en La Central un rato, busca los libros conocidos, deja una mancha de agua por todo el suelo de madera, una ruta fugaz.
Más adelante: …al salir se mira reflejado en el escaparte y por un momento no se reconoce, parece otro, uno muy similar a sí mismo, pero otro. Camina con las manos en los bolsillos.
Llevo meses sin recibir ninguna y me empiezo a preocupar, tal vez este sea el final. Las sombras de mi casa desdibujan la tarde. Vagabundeo por las habitaciones sin encontrar mi propio rastro. El pasillo mide diez pasos. Las gotas hacen ríos en mi ventana. Ya no deja de llover. Releo las cartas que no he tirado y duermo acurrucado por la lluvia que ya es de otro. Sueño con él y con Jalapa. ¿Cómo es Jalapa en verdad? Lo veo, encorvado, cubierto por una larga gabardina y con el cuello subido, lo veo andar con las manos en los bolsillos y quiero seguirlo. Él jamás me mira, no sabe que estoy ahí. No logro alcanzarlo y se pierde entre la gente. Intento llamarlo pero de mi boca no sale más que un grito agudo y apagado.
Esta mañana al levantarme ocurrió algo extraño, en la mesilla del salón encontré una nota, no sé cómo llegó ahí, pero decía: Este es el final. Me pediste que dejara de escribir, que renunciara a las palabras. No lo hice, me negué, pero ahora que mis cartas te han dejado, te sientes solo, te pierdes entre las calles de una ciudad que cada día conoces menos. ¿Llueve tanto en Barcelona? Te preguntas angustiado sin saber ya la respuesta. Y las calles acaso son las de siempre, las de antes. Pero ve, asómate a la ventana, ¿es esta tu ciudad?

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Ollin Rafael

About Ollin Rafael

(Xalapa, México, 1983) Licenciado en historia, en la actualidad prepara su doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, con la que aburre a todos sus amigos, pero más a sus enemigos, "La disolución del sujeto en la literatura postm...zzzzz". Cuando escribe ficción intenta alejarse de ella pero no lo logra y crea relatos cada cual más aburrido y confuso. Es coeditor de la revista digital de creación literaria Preferiría no hacerlo, ha publicado diversos textos en ésta y otras revistas.